La noche pasada, justo después de cenar, bajé a las vías del metro para hacer un poco de ejercicio nocturno. Son de sobras conocidos los beneficios para la salud del ejercicio después de la cena. Y es que durante dos horas completas, de diez a doce, todos los trenes del Metro de Barcelona se paran para ser inspeccionados de arriba abajo, y reparados si hiciese falta. Además, los maquinistas aprovechan la pausa para tomar una ligera refacción, seguida de la correspondiente cabezadita para hacer la digestión, ya que de sobras son conocidos los beneficios del reposo después de la cena.
No hay nada más relajante que patinar por las vías del metro, sobretodo cuando no circulan trenes. Uno va de estación en estación a toda velocidad, como si fuera uno de ellos, con la diferencia de que no lleva pasajeros y de que no hay más parada que la parada final, que no es tanto una estación física sino una hora concreta: las doce. Llegada esa hora más le vale a uno no estar en mitad de un túnel, porque sólo un minuto después ya asoma el siguiente tren. Es de sobras conocida la puntualidad de los trenes en Barcelona. Y no creas que aminora la marcha si ve a un deportista nocturno por las vías, no. Una vez se me fue el santo al cielo, perdí la noción del tiempo y me dieron las doce, y a punto estuvo uno de los trenes de atropellarme, pero por suerte pude acelerar el paso y saltar al andén de una zancada tan descomunal, que bien pudiera haber batido el récord mundial de salto de longitud y de altura juntos. No hay nada más estimulante que la sensación de muerte inminente.
La otra noche era diferente, porque todos los túneles estaban abarrotados de jabalíes. ¿De jabalíes? Por lo visto, debido a la epidemia de peste porcina, las autoridades sanitarias se han propuesto exterminar a toda la población de jabalíes de la Sierra de Collserola que circunda a Barcelona. Y éstos, que pueden ser marranos, pero no tontos, se han escondido mejor que un insecto-palo. Muchos han pasado a llevar vidas arborícolas y a alimentarse de piñones. Otros se han adaptado a la vida marina frente a la playa del Somorrostro y, es la pura verdad, nadan mejor que vuelan. Y la inmensa mayoría se han refugiado en los túneles del metro.
La verdad, no sé por qué, pero lo cierto es que las vías del metro están llenas de restos de comida que los pasajeros, más marranos que los marranos, lanzan por las ventanas como si esto fuera el vertedero del Garraf. Y los jabalíes, que pueden ser guarros, pero no autótrofos, han encontrado en estas vías el Santo Grial de la alimentación de kilómetro cero. Aquí los jabalíes se alimentan de patatas fritas y hasta de las bolsas de las patatas fritas, las cuales, por lo visto, llevan tantos aditivos químicos que no hay virus de la peste porcina que pueda con ellos; eso sí, luego las cacas salen con tantos destellos plateados, que el personal de limpieza no sabe si van al contenedor de orgánico o al de plásticos. También abundan los trozos de pan, a veces tan grandes que cualquier paloma que se los comiera acabaría en un columbario. Hasta unas tejas con calçots y salsa romesco he llegado a encontrarme, tiradas detrás de una señal de prohibido adelantar. Hay quien dice que comen mejor los jabalíes metropolitanos que los enfermos de los hospitales.
El caso es que, como que todavía quedaba más de media hora para que dieran las doce, me acerqué a una familia de jabalíes para, disimuladamente, escuchar de qué hablaban. No creas que hablaban de restos de comida, de trenes o de leyendas de la antigua vida serrana, no, sino que hablaban de política municipal. Como te lo cuento. Uno de los jabalíes criticaba a las autoridades sanitarias por no encontrar mejor solución para frenar la peste porcina que aniquilarlos a todos y, mientras gesticulaba con sus paletillas, gruñía que ya le hubiera gustado ver si hacían lo mismo con las personas durante una pandemia de coronavirus. Otros jabalíes que escuchaban en silencio, todo el silencio posible mientras masticaban restos de una barra de pan medio mohosa, asentían con sus cabezas de jabalí. Detrás, junto a un cruce de vías, una piara de jabatos jugaba a perseguirse los unos a los otros, ignorando la cruda realidad de la que tertuliaban los adultos.
Cuando se dieron cuenta de que les estaba escuchando se quedaron en silencio: el que hablaba de política cerró el hocico, los que comían pan dejaron de masticar, y hasta los jabatos se quedaron petrificados como si ahora jugaran al un, dos, tres, pica-pared. La sensación, más que incómoda, me pareció pintoresca. ¿Pensarán que soy un cazador? ¿Pensarán que soy un inspector de Sanidad? ¿Qué estarán pensando? El jabalí orador avanzó lentamente hacia mí, seguido por todos los demás y, cuando estuvo lo suficientemente cerca como para arrancarme la pierna de un mordisco, me dijo con voz alta y clara:
—¡Agáchate!
Sentí algo de miedo, la verdad. Yo miré mi reloj de pulsera que, por cierto, mide pulsaciones, pasos, temperatura y muchas más cosas, pero todavía no he encontrado el menú para mostrar la hora. Y mirando mi reloj, como decía, hice la pantomima de "oh, que se me hace tarde". Pero el jabalí insistió:
—¡Agáchate, hombre! No te haré daño.
Yo intenté verbalizar el gesto de antes y le respondí:
—No puedo, es que se me hace tarde. Estoy patinando. Suelo patinar bastante. Y aún me queda mucho por patinar...
Entonces el jabalí agachó la cabeza, se fijó en mis patines, y literalmente estiró la pata, o sea, uno de sus jamones, señalándome de esta peculiar manera el fondo del túnel. A lo lejos se podía divisar la siguiente estación. Yo giré la cabeza y no entendí qué era lo que tenía que mirar, o si me estaba enseñando la salida. Cuando le iba a preguntar que mirara qué, en su jamón se posó un canario más amarillo que un limón. Y por si este extraño acontecimiento no fuera suficiente, el canario comenzó a trinar y a modular su canto con unas melodías espectaculares, pero no de canario, sino de jilguero. No pude acabar de digerir lo que estaba presenciando cuando el canario dejó de trinar, alzó el vuelo y revoloteó hasta mi hombro derecho. Yo le miré de reojo sin entender ni papa, con los párpados medio cerrados por temor a un picotazo repentino, ya que de sobras es conocida la tremenda violencia que puede ejercer un canario de mal humor. Y el canario, que se percató de mi actitud precavida, se acercó a mi oreja y me susurró algo, algo increíble, algo absolutamente increíble. Es tal la incredulidad con la que escuché las palabras del canario, que miedo tengo de contárselas a nadie. Quizás yo sea el siguiente profeta, después de Jesucristo y de Mahoma, yo qué sé. Pero miedo tengo hasta de dejar por escrito lo que me contó. Prefiero callar. Uno es esclavo de sus palabras y amo y señor de sus silencios. Así que prefiero callar. Callaré para que nadie me tome por un auténtico embustero.
Blog
Páginas
martes, 21 de abril de 2026
jueves, 7 de diciembre de 2023
Las cosas no son lo que parecen
Este año mi patrimonio personal parece que acabará siendo mayor que el del año anterior. Se podría decir que 2023 me ha ido bien, como mínimo en lo económico, y que soy un poquito más rico. Sin embargo, las cosas no son lo que parecen.
Para entenderlo mejor usaré un ejemplo imaginario con cifras redondas. Imaginemos que este año 2023, gracias al buen funcionamiento de mi negocio, resulta que tengo 50.000 € más que al finalizar el 2022. Parecería que soy 50.000 € más rico.
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. ¿Y si te digo que en 2022 perdí 100.000 € y que en 2021 perdí otros 50.000 €? Ah, amigo, ahora veríamos que con la perspectiva del tiempo ya no queda tan claro que mi negocio vaya viento en popa a toda vela. Parecería que soy 50.000 € más pobre que en 2022, o incluso que soy 100.000 € más pobre que en 2021. Veámos:
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Tener menos dinero no significa necesariamente tener menos patrimonio o ser más pobre. Siguiendo con el ejemplo, si te dijera que los 100.000 € que se esfumaron en 2022 sirvieron para comprar una vivienda (o acciones, o coches, o cuadros, etc.) valorada en 100.000 €, ¿cómo quedaría el asunto? Pues que los 50.000 € perdidos en 2021 los recuperé en 2023, y el resto se ha transformado de dinero a un bien inmueble y, por lo tanto, ni soy más rico ni soy más pobre que en 2021. Veámos:
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Y eso es porque las pérdidas patrimoniales de 2021 me generarán deducciones fiscales que podrán compensar ganancias patrimoniales futuras. Es decir, que parte de los 50.000 € perdidos en 2021 los podré recuperar. ¿Cómo? Pues a través de la exención del pago del IRPF y adicionalmente recuperando las retenciones que Hacienda me haya efectuado. No puedo calcular ahora cuánto dinero es eso, pero imaginemos que sean 2.000 € a ingresar en 2024. Ahora sí, parecería que en 2023 soy 2.000 € más rico que en 2021. Veámos:
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Y eso es por culpa de la inflación. Según los cálculos del INE, la tasa de variación del IPC entre octubre de 2021 y octubre de 2023 fue del 11.0%. Eso significa que 50.000 € de octubre de 2021 equivalen a 55.500 € de octubre de 2023. Dicho de otra manera, que si quisiera tener el mismo poder adquisitivo que en 2021, o ser igual de rico que en 2021, por cada 50.000 € de 2021 debería tener ahora 55.500 €. Es decir, para quedarme como estaba no basta con recuperar 50.000 € de 2023, sino que tendría que recuperar 55.500 € de 2023, y sólo recuperé 52.000 €. Por lo tanto, parecería que soy 3.500 € más pobre a pesar de tener 2.000 € más.
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Y eso es porque la vivienda comprada en 2022 la voy a vender por el doble, o la voy a alquilar por 12.000 € al año. Ahora sí, por fin, voy a ser más rico que antes.
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Y eso es porque no encuentro comprador para la vivienda, y tampoco puedo alquilarla a nadie porque se han metido unos okupas. Ahora sí, por fin me arruiné.
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Y eso es porque ni gané 50.000 € ni los perdí, ni compré ninguna vivienda ni la vendí, ni me hice rico ni me hice pobre. Y ahora un besito y a momir.
![]() |
| Fotograma de Are crooks dishonest (Harold Lloyd, 1918) |
Para entenderlo mejor usaré un ejemplo imaginario con cifras redondas. Imaginemos que este año 2023, gracias al buen funcionamiento de mi negocio, resulta que tengo 50.000 € más que al finalizar el 2022. Parecería que soy 50.000 € más rico.
2023: + 50.000 €
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. ¿Y si te digo que en 2022 perdí 100.000 € y que en 2021 perdí otros 50.000 €? Ah, amigo, ahora veríamos que con la perspectiva del tiempo ya no queda tan claro que mi negocio vaya viento en popa a toda vela. Parecería que soy 50.000 € más pobre que en 2022, o incluso que soy 100.000 € más pobre que en 2021. Veámos:
2021: - 50.000 €
2022: -100.000 €
2023: + 50.000 €
Neto: -100.000 € respecto a 2021
2022: -100.000 €
2023: + 50.000 €
Neto: -100.000 € respecto a 2021
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Tener menos dinero no significa necesariamente tener menos patrimonio o ser más pobre. Siguiendo con el ejemplo, si te dijera que los 100.000 € que se esfumaron en 2022 sirvieron para comprar una vivienda (o acciones, o coches, o cuadros, etc.) valorada en 100.000 €, ¿cómo quedaría el asunto? Pues que los 50.000 € perdidos en 2021 los recuperé en 2023, y el resto se ha transformado de dinero a un bien inmueble y, por lo tanto, ni soy más rico ni soy más pobre que en 2021. Veámos:
2021: - 50.000 €
2022: -100.000 € => +Vivienda (100.000 €)
2023: + 50.000 €
Neto: + 0 € respecto a 2021
2022: -100.000 € => +Vivienda (100.000 €)
2023: + 50.000 €
Neto: + 0 € respecto a 2021
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Y eso es porque las pérdidas patrimoniales de 2021 me generarán deducciones fiscales que podrán compensar ganancias patrimoniales futuras. Es decir, que parte de los 50.000 € perdidos en 2021 los podré recuperar. ¿Cómo? Pues a través de la exención del pago del IRPF y adicionalmente recuperando las retenciones que Hacienda me haya efectuado. No puedo calcular ahora cuánto dinero es eso, pero imaginemos que sean 2.000 € a ingresar en 2024. Ahora sí, parecería que en 2023 soy 2.000 € más rico que en 2021. Veámos:
2021: - 50.000 €
2022: -100.000 € => +Vivienda (100.000 €)
2023: + 50.000 € y 2.000 € de deducciones a abonar en 2024
Neto: + 2.000 € respecto a 2021
2022: -100.000 € => +Vivienda (100.000 €)
2023: + 50.000 € y 2.000 € de deducciones a abonar en 2024
Neto: + 2.000 € respecto a 2021
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Y eso es por culpa de la inflación. Según los cálculos del INE, la tasa de variación del IPC entre octubre de 2021 y octubre de 2023 fue del 11.0%. Eso significa que 50.000 € de octubre de 2021 equivalen a 55.500 € de octubre de 2023. Dicho de otra manera, que si quisiera tener el mismo poder adquisitivo que en 2021, o ser igual de rico que en 2021, por cada 50.000 € de 2021 debería tener ahora 55.500 €. Es decir, para quedarme como estaba no basta con recuperar 50.000 € de 2023, sino que tendría que recuperar 55.500 € de 2023, y sólo recuperé 52.000 €. Por lo tanto, parecería que soy 3.500 € más pobre a pesar de tener 2.000 € más.
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Y eso es porque la vivienda comprada en 2022 la voy a vender por el doble, o la voy a alquilar por 12.000 € al año. Ahora sí, por fin, voy a ser más rico que antes.
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Y eso es porque no encuentro comprador para la vivienda, y tampoco puedo alquilarla a nadie porque se han metido unos okupas. Ahora sí, por fin me arruiné.
Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Y eso es porque ni gané 50.000 € ni los perdí, ni compré ninguna vivienda ni la vendí, ni me hice rico ni me hice pobre. Y ahora un besito y a momir.
jueves, 21 de septiembre de 2023
Doble fila
Hace un par de meses acompañé a un familiar al centro médico. Mientras le atendían yo me quedé esperando en el coche, parado en doble fila (o sea, "estacionado"). La espera, como en ocasiones similares, se alargó casi una hora. Durante la espera siempre me gusta observar el trasiego de los peatones y el poco tráfico de esa calle en particular. Los coches están aparcados a ambos lados de la calle, en zona azul, y es muy difícil encontrar una plaza libre. De los tres carriles de circulación, uno es un carril Bus y, cómo no, lo evito a la hora de pararme en doble fila. Esta situación difiere radicalmente con la que hay a la hora de entrada o de salida de un colegio cercano: durante los 10 minutos previos y los 10 minutos posteriores, una marabunta de padres y madres ocupan con sus coches y en doble fila tanto el carril Bus como el carril del lado opuesto, de manera que sólo queda el carril central para circular libremente. Pero el otro día no había colegios, de manera que la calle estaba muy tranquila en cuanto al tráfico y yo era el único en doble fila.
Durante una hora de espera da tiempo a ver todo tipo de infracciones de tráfico. Las bicis y los patines se llevan la palma. Los peatones no se quedan cortos, y lo mismo se saltan los semáforos en rojo que cruzan la calle por cualquier sitio. En cuanto a los coches, algunos estacionan encima de la zona reservada para aparcar motos, otros en un vado que da acceso a una zona privada, y otros encima de la zona de parada de taxis. Incluso no es infrecuente ver vehículos que pasan a bastante más de los 50 kilómetros por hora máximos permitidos y así poder alcanzar en verde el siguiente semáforo. Digamos que si yo quisiera poner multas, en ese punto me hincharía.
Ese día hacía mucha calor. Era ya mediodía y el sol llevaba horas recalentándolo todo. Y ya se sabe, uno tiene mucha paciencia, uno puede esperar una hora dentro de un coche, pero cuando hace calor la espera se hace eterna.
Cuando ya se iba a cumplir una hora de reloj, cuando ya el sudor goteaba por mis sienes, veo a mi derecha a un guardia urbano a horcajadas sobre su moto que me hace señales. Bajé la ventanilla para ver qué quería y me advirtió que llevaba casi media hora parado en doble fila, que eso ya era demasiado y que era motivo de sanción. Me dieron ganas de decirle que de media hora nada, que llevaba casi una hora sin moverme de allí a pesar del calor agobiante, pero hice bien en callarme ese dato. Le dije que estaba esperando a un familiar octogenario con problemas de salud y de movilidad (intenté dar toda la pena posible), y que estaba a punto de salir del centro médico, y que podría alterarse si yo desaparecía sin avisar. Con diplomacia funcionarial me repitió que se vería obligado a sancionarme, que "aparcara como todo el mundo" (no sé dónde, si hasta los vados estaban ocupados). Me planteé distraer su atención chivándome de todas las infracciones que vería si giraba su cabezón (lo digo porque llevaba casco). Pero al final le dije que me iría y que me pondría a dar vueltas, lo cual le pareció bien a pesar de que "eso me saldría más caro que aparcar" (y dale, ¿aparcar dónde?).
Así pues, empecé a dar vueltas a la manzana como un tonto. O como los perros que intentan morderse su propio rabo. A los pocos minutos salió mi familiar y me regañó por haberme ido sin avisar.
Al llegar a casa estaba empapado de sudor por el bochornoso episodio. Me puse a buscar en el Reglamento General de Circulación (RGC) la infracción por la que había sido advertido y casi multado (podría haberle preguntado al urbano cabezón, pero no me pareció adecuado perturbarle lo más mínimo por si eso le hacía cambiar de opinión en cuanto a perdonarme la multa).
Resulta que, sin contar zonas y circunstancias especiales que no se estaban dando (como estar sobre un paso de cebra, o sobre un carril Bus, o entorpecer el tráfico, o estar en una zona de poca visibilidad, etc.), según el RGC está prohibido estacionar en doble fila (art. 40.2.g y 94.2.g). Y punto. Yo estaba técnicamente estacionado, la verdad. ¿Y parado en doble fila por menos de dos minutos? De eso no dice nada el RGC de manera explícita. Pero sí lo dice otra norma de rango inferior, y es que según el RGC el régimen de parada y estacionamiento en vías urbanas (como era el caso) se regulará por ordenanzas municipales (art. 39.4). ¿Y qué dice la ordenanza municipal de Circulació de vianants i de vehicles de Barcelona, que es donde sucedió esto? Dice que está prohibida la parada en doble fila (art. 24.9 y art. 70.2.n). Y punto. Fuera parada o fuera estacionamiento, el urbano tenía sobrados motivos para multarme y yo para elogiar su gran profesionalidad.
Ahora bien, resulta que si uno busca información sobre la doble fila encontrará una marea de páginas web, algunas presuntamente serias (desde medios de comunicación de primer nivel hasta prensa especializada en el motor) y todas ellas afirman categóricamente que está permitido parar en doble fila sólo si es por menos de dos minutos. ¿En qué se basan? Ninguna de esas páginas aporta referencias ni citas de textos legales que así lo demuestren. Y tampoco he sabido encontrar nada parecido en las dos normas antes citadas, sino lo contrario, como antes dije. Por ello creo que están difundiendo bulos.
Sea como sea, la prohibición de parar y de estacionar en doble fila tiene su razón de ser. Pretende evitar que se ocupen zonas especiales como pasos de cebra o carriles Bus (cosa que yo no estaba haciendo), evitar situaciones de riesgo como en las zonas de baja visibilidad (cosa que yo no estaba haciendo), no entorpecer el tráfico (cosa que yo no estaba haciendo), y no contaminar tanto (cosa que yo no estaba haciendo).
Lo paradójico del asunto es que al ponerme a dar vueltas y vueltas para no cometer ninguna infracción, mi circulación (1) aumentó el riesgo vial sobre otros conductores, sobre mí mismo y sobre los peatones que no respetaban las normas de circulación, más que si hubiera estado parado en doble fila; (2) entorpecí el tráfico allí por donde pasé más que si hubiera estado parado en doble fila; y (3) generé más contaminación que si hubiera estado parado en doble fila.
Al final, por cumplir la Ley se consiguió exactamente lo contrario de lo que pretendía dicha Ley. Y de regalo, acabé estresado yo y acabó estresado mi familiar.
"¡Muchas gracias por todo!", le dije al urbano, sin saber ni él ni yo si era sarcasmo o si era gratitud sincera por perdonarme la multa.
![]() |
| Fotograma de Hot water (1924) |
Durante una hora de espera da tiempo a ver todo tipo de infracciones de tráfico. Las bicis y los patines se llevan la palma. Los peatones no se quedan cortos, y lo mismo se saltan los semáforos en rojo que cruzan la calle por cualquier sitio. En cuanto a los coches, algunos estacionan encima de la zona reservada para aparcar motos, otros en un vado que da acceso a una zona privada, y otros encima de la zona de parada de taxis. Incluso no es infrecuente ver vehículos que pasan a bastante más de los 50 kilómetros por hora máximos permitidos y así poder alcanzar en verde el siguiente semáforo. Digamos que si yo quisiera poner multas, en ese punto me hincharía.
Ese día hacía mucha calor. Era ya mediodía y el sol llevaba horas recalentándolo todo. Y ya se sabe, uno tiene mucha paciencia, uno puede esperar una hora dentro de un coche, pero cuando hace calor la espera se hace eterna.
Cuando ya se iba a cumplir una hora de reloj, cuando ya el sudor goteaba por mis sienes, veo a mi derecha a un guardia urbano a horcajadas sobre su moto que me hace señales. Bajé la ventanilla para ver qué quería y me advirtió que llevaba casi media hora parado en doble fila, que eso ya era demasiado y que era motivo de sanción. Me dieron ganas de decirle que de media hora nada, que llevaba casi una hora sin moverme de allí a pesar del calor agobiante, pero hice bien en callarme ese dato. Le dije que estaba esperando a un familiar octogenario con problemas de salud y de movilidad (intenté dar toda la pena posible), y que estaba a punto de salir del centro médico, y que podría alterarse si yo desaparecía sin avisar. Con diplomacia funcionarial me repitió que se vería obligado a sancionarme, que "aparcara como todo el mundo" (no sé dónde, si hasta los vados estaban ocupados). Me planteé distraer su atención chivándome de todas las infracciones que vería si giraba su cabezón (lo digo porque llevaba casco). Pero al final le dije que me iría y que me pondría a dar vueltas, lo cual le pareció bien a pesar de que "eso me saldría más caro que aparcar" (y dale, ¿aparcar dónde?).
Así pues, empecé a dar vueltas a la manzana como un tonto. O como los perros que intentan morderse su propio rabo. A los pocos minutos salió mi familiar y me regañó por haberme ido sin avisar.
Al llegar a casa estaba empapado de sudor por el bochornoso episodio. Me puse a buscar en el Reglamento General de Circulación (RGC) la infracción por la que había sido advertido y casi multado (podría haberle preguntado al urbano cabezón, pero no me pareció adecuado perturbarle lo más mínimo por si eso le hacía cambiar de opinión en cuanto a perdonarme la multa).
Resulta que, sin contar zonas y circunstancias especiales que no se estaban dando (como estar sobre un paso de cebra, o sobre un carril Bus, o entorpecer el tráfico, o estar en una zona de poca visibilidad, etc.), según el RGC está prohibido estacionar en doble fila (art. 40.2.g y 94.2.g). Y punto. Yo estaba técnicamente estacionado, la verdad. ¿Y parado en doble fila por menos de dos minutos? De eso no dice nada el RGC de manera explícita. Pero sí lo dice otra norma de rango inferior, y es que según el RGC el régimen de parada y estacionamiento en vías urbanas (como era el caso) se regulará por ordenanzas municipales (art. 39.4). ¿Y qué dice la ordenanza municipal de Circulació de vianants i de vehicles de Barcelona, que es donde sucedió esto? Dice que está prohibida la parada en doble fila (art. 24.9 y art. 70.2.n). Y punto. Fuera parada o fuera estacionamiento, el urbano tenía sobrados motivos para multarme y yo para elogiar su gran profesionalidad.
Ahora bien, resulta que si uno busca información sobre la doble fila encontrará una marea de páginas web, algunas presuntamente serias (desde medios de comunicación de primer nivel hasta prensa especializada en el motor) y todas ellas afirman categóricamente que está permitido parar en doble fila sólo si es por menos de dos minutos. ¿En qué se basan? Ninguna de esas páginas aporta referencias ni citas de textos legales que así lo demuestren. Y tampoco he sabido encontrar nada parecido en las dos normas antes citadas, sino lo contrario, como antes dije. Por ello creo que están difundiendo bulos.
Sea como sea, la prohibición de parar y de estacionar en doble fila tiene su razón de ser. Pretende evitar que se ocupen zonas especiales como pasos de cebra o carriles Bus (cosa que yo no estaba haciendo), evitar situaciones de riesgo como en las zonas de baja visibilidad (cosa que yo no estaba haciendo), no entorpecer el tráfico (cosa que yo no estaba haciendo), y no contaminar tanto (cosa que yo no estaba haciendo).
Lo paradójico del asunto es que al ponerme a dar vueltas y vueltas para no cometer ninguna infracción, mi circulación (1) aumentó el riesgo vial sobre otros conductores, sobre mí mismo y sobre los peatones que no respetaban las normas de circulación, más que si hubiera estado parado en doble fila; (2) entorpecí el tráfico allí por donde pasé más que si hubiera estado parado en doble fila; y (3) generé más contaminación que si hubiera estado parado en doble fila.
Al final, por cumplir la Ley se consiguió exactamente lo contrario de lo que pretendía dicha Ley. Y de regalo, acabé estresado yo y acabó estresado mi familiar.
"¡Muchas gracias por todo!", le dije al urbano, sin saber ni él ni yo si era sarcasmo o si era gratitud sincera por perdonarme la multa.
Blog
Este blog lo empecé en el año 2012 después de Cristo, año convulso en lo personal, con el propósito que acostumbran a tener los blogs, que es el de registrar periódicamente y de manera pública pensamientos e inquietudes. Pero al poco tiempo lo borré todo porque superé el umbral de vergüenza ajena por su autor.
Después, a finales de 2019, cuando al SARS-CoV-2 todavía se le llamaba "el virus chino", me lo tomé más en serio y empecé a llenar el blog de contenidos con otro propósito, más prosaico, que era el de conseguir visitas que atrajeran anunciantes y, en definitiva, conseguir algunos ingresos extra. Pero tras más de un año y tras dedicarle tanto tiempo a subir contenido de gran calidad, lo borré todo de cuajo y sanseacabó. Acabé frustrado con tantos millones de visitas diarias, tantos anunciantes pidiéndome de rodillas que insertara su publicidad, y además no sabía ya qué hacer con tantos ingresos extra (doné varios trillones a una ONG).
Ahora, en 2023, vuelvo a la carga. ¿Y por qué? Pues básicamente porque me da la gana. Y porque es gratis. Acostumbro a escribir anotaciones que me permiten ordenar ciertas ideas y conceptos. Y también me gusta poder releer conclusiones a las que llegué en un momento dado y que la memoria no siempre es capaz de retener. Ahora, de alguna manera, estaré pasando a limpio dichas anotaciones y haciéndolas más inteligibles a los ojos ajenos.
¿Pero por qué escribir de cara al público? Pues por lo mismo. Por una parte, para esforzarme más en la ordenación de ideas y así no caer en el ridículo en caso de que alguien las lea, o bien ser capaz de defenderlas mejor en caso de crítica. Al publicar algo abiertamente también estaré permitiendo el acceso desde cualquier dispositivo conectado a Internet, en lugar de quedar restringido a un único dispositivo. Adicionalmente, igual que algunos textos de otras personas que leo me resultan de interés o de utilidad, lo mismo podría suceder con mis escritos a otras personas, en cuyo caso mi ego se vería complacido. En definitiva, todo son ventajas.
¿Cuál será el contenido y el continente del blog? A diferencia de los anteriores intentos, no me impondré ninguna periodicidad en la publicación de entradas (aunque si pasa más de un año sin una entrada nueva significará que me he muerto, o que estoy en busca y captura y me estoy haciendo el muerto). Todo el contenido quedará bajo licencia libre porque no quiero correr el riesgo de volverme millonario con los derechos de autor. Las temáticas serán las que me dé la gana en cada momento, aunque supongo que abundarán los temas domésticos, opiniones, reflexiones, anécdotas, reseñas de libros que valgan la pena, y vete tú a saber qué más. En cuanto al estilo, usaré lenguaje llano con algún latinajo intercalado para cultum parecer. Evitaré el uso excesivo de frases subordinadas que lo único que hacen es complicar la lectura que todos queremos que sea ágil y que algunos que no saben de lo que hablan cuando abren la boca que Dios les dió no saben lo que dicen cuando hablan de lo que no saben que de lo que hablan... eso, que usaré frases cortas.
Después, a finales de 2019, cuando al SARS-CoV-2 todavía se le llamaba "el virus chino", me lo tomé más en serio y empecé a llenar el blog de contenidos con otro propósito, más prosaico, que era el de conseguir visitas que atrajeran anunciantes y, en definitiva, conseguir algunos ingresos extra. Pero tras más de un año y tras dedicarle tanto tiempo a subir contenido de gran calidad, lo borré todo de cuajo y sanseacabó. Acabé frustrado con tantos millones de visitas diarias, tantos anunciantes pidiéndome de rodillas que insertara su publicidad, y además no sabía ya qué hacer con tantos ingresos extra (doné varios trillones a una ONG).
Ahora, en 2023, vuelvo a la carga. ¿Y por qué? Pues básicamente porque me da la gana. Y porque es gratis. Acostumbro a escribir anotaciones que me permiten ordenar ciertas ideas y conceptos. Y también me gusta poder releer conclusiones a las que llegué en un momento dado y que la memoria no siempre es capaz de retener. Ahora, de alguna manera, estaré pasando a limpio dichas anotaciones y haciéndolas más inteligibles a los ojos ajenos.
¿Pero por qué escribir de cara al público? Pues por lo mismo. Por una parte, para esforzarme más en la ordenación de ideas y así no caer en el ridículo en caso de que alguien las lea, o bien ser capaz de defenderlas mejor en caso de crítica. Al publicar algo abiertamente también estaré permitiendo el acceso desde cualquier dispositivo conectado a Internet, en lugar de quedar restringido a un único dispositivo. Adicionalmente, igual que algunos textos de otras personas que leo me resultan de interés o de utilidad, lo mismo podría suceder con mis escritos a otras personas, en cuyo caso mi ego se vería complacido. En definitiva, todo son ventajas.
¿Cuál será el contenido y el continente del blog? A diferencia de los anteriores intentos, no me impondré ninguna periodicidad en la publicación de entradas (aunque si pasa más de un año sin una entrada nueva significará que me he muerto, o que estoy en busca y captura y me estoy haciendo el muerto). Todo el contenido quedará bajo licencia libre porque no quiero correr el riesgo de volverme millonario con los derechos de autor. Las temáticas serán las que me dé la gana en cada momento, aunque supongo que abundarán los temas domésticos, opiniones, reflexiones, anécdotas, reseñas de libros que valgan la pena, y vete tú a saber qué más. En cuanto al estilo, usaré lenguaje llano con algún latinajo intercalado para cultum parecer. Evitaré el uso excesivo de frases subordinadas que lo único que hacen es complicar la lectura que todos queremos que sea ágil y que algunos que no saben de lo que hablan cuando abren la boca que Dios les dió no saben lo que dicen cuando hablan de lo que no saben que de lo que hablan... eso, que usaré frases cortas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

